
El suicidio constituye una decisión personal que algunos deciden afrontar en la intimidad de sus hogares, echando mano a estrategias rápidas, dolorosas y hasta imaginativas al momento de terminar con sus vidas. Algunas personas, más ávidas de atención, deciden lanzarse desde algún edificio a plena luz del día, con cientos de testigos y, de ser posible, algún medio de comunicación capturando en vivo la acción.
Sin embargo, la ridiculez llega al extremo para algunos, al querer atormentar la vida de otros, haciéndoles presenciar sus actos a través de una cámara web. Recientemente en Chile un joven se lanzó desde la ventana de su habitación mientras su ex-novia le veía atónita a través del messenger. Esta semana un peruano de 37 años, presa de los celos se ahorcó del marco de la puerta (no ha debido ser muy alto que digamos) mientras una amiga desde el otro lado del computador no daba crédito a lo que veían sus ojos. La razón: estaba convencido que su esposa le engañaba.
Si crees que no mereces vivir, ¿por qué te empeñas en mostrar tu muerte a otras personas? ¿Por qué habría de importarles que dejes de estar en este mundo?
Mis más profundas palabras de rechazo a los suicidas, y más aún a los idiotas que arruinan un día de sol a los demás. Muere en silencio e intenta no pisar el césped.





























